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ACTITUD POLÍTICA VS. ACTITUD HIPÓCRITA

ACTITUD POLÍTICA VS. ACTITUD HIPÓCRITA

¿Para hacer política tienes que ser hipócrita? Muchas veces he escuchado el falso argumento de la hipocresía como pilar para poder desenvolverte bien en política. En base a mi experiencia, he preparado este artículo para mostrarte las pequeñas grandes diferencias que yo encuentro en ser una persona política y una persona hipócrita. Esto, a fin de que no sientan que al ingresar a la política tienen que corromper ciertos principios para poder tener éxito en este entorno.

No puedes gustarle a todo el mundo

Primera premisa que te ayudará a no caer en la hipocresía disfrazada de actitud política. Generalmente, cuando una persona siente la necesidad de ser querido por, absolutamente, todo su entorno, comienza a experimentar comportamientos que no obedecen necesariamente a sus propios principios, sino a quien tienen al frente ¿Qué ocurrirá? Que, en un afán de decirle a dos personas opuestas lo que quieren escuchar para conseguir su simpatía, terminarán mintiendo a alguno, fingiendo ser alguien que no son, pensar algo que no piensan y caerán en una completa hipocresía. Lo peor, es que esta estrategia dura poco porque, volvamos al subtítulo, no puedes gustarle a todo el mundo. Simplemente, la gente notará que no eres lo que dices ser y así de simple. La gente se pasa la voz.

Tener correa vs. la doble cara

Seguro has escuchado, más de una vez el término “tener correa” que no es otra cosa que no pisar el palo o reaccionar de forma temperamental cuando estás frente a un adversario (también aplica para otras situaciones). Sin embargo, muchos confunden esta actitud con decir mentiras de otros todo el tiempo salvo cuando están frente a los susodichos y, por el contrario, fingen una actitud amable. No hay nada de político en eso. Una actitud política no requiere de mentira, simplemente de templanza y conciencia.

La acción y la omisión

Tiene mucho que ver con el punto anterior. Una actitud política, básicamente, busca la omisión de ciertas actitudes de terceros, que en principio podrían molestarnos, pero decidimos dejar pasar por el bien de la eficiencia de nuestra participación política y nuestras decisiones. No implica una acción y posterior omisión contra otro. Sin embargo, una actitud hipócrita tiene el componente de acción o acción y omisión hacia un tercero. Me explico: para hacer más eficiente tu participación política, no tienes que hacer algo en contra de alguien y luego fingir que “como buen político” te llevas bien con esa persona o, cuanto menos, hay cordialidad. Simplemente no es necesario cruzar esa línea. No eres más político por hacerlo, no es necesario creerse un Underwood peruano.

Neutralidad y amistad

Si es que la palabra “fingir” va a ingresar en el vocabulario de lo que es tener una actitud política, estaría vinculada a otra palabra: neutralidad. Es evidente que no todos te van a car bien, pero, cuando la situación lo requiere, ciertamente, se debe hablar con quienes no son santos de nuestra devoción. Y aquí viene la cuestión. Tener una actitud neutral, educada, es suficiente para llegar a un acuerdo y, si lo quieres, “fingir” públicamente que existe un entorno de respeto (así sepas que te lo han faltado en un momento). Cosa muy diferente a buscar fingir y evidenciar públicamente una supuesta relación amistosa. Para poder trabajar, nuevamente, no tienes que ser, ni fingir ser amigo de todos.

La capacidad de ceder o reconocer

Cuando una persona tiene una actitud política, sí tiene esta capacidad. ¿A qué me refiero? Si alguien que no eres tú, tiene una buena iniciativa y piensas “¡por qué no se me ocurrió a mí!” está bien. Lo que cae en un actitud política es reconocer esa acción y felicitarla o, cuanto menos, omitirla y dejar que siga su curso. Sin embargo, una actitud hipócrita, muy popularizada, dicho sea de paso, es desacreditar la idea, quién la propuso y, por una parte, o presentar una nueva idea para el mismo fin, sin haberla meditado mucho, o quedarse solo en la crítica. Para contarte una experiencia, hace como un año, presenté una propuesta y quienes no estuvieron de acuerdo, lanzaron una propuesta con el mismo fin. Genial, mientras más ideas, mejor… salvo que era mi documento copiado textualmente en toda la parte de contexto, justificación, objetivos, etc. jeje. Cosas que pasan, por ahí tengo esos papeles guardados para el recuerdo.

Me cae bien o me cae mal

Otro error que comenten quienes caen en actitudes hipócritas es pensar en función al “me cae bien o me cae mal”. Y aquí aclaro algo: No estás en política para hacer amiguitos. Vienes a hacer política, a cambiar cosas que consideras injustas, proponer, aprender, etc. De ahí, que exista gente que, por una visión similar a la tuya, logre congeniar contigo y se forje una amistad, es otra cosa (muy bonita, por cierto). Para hacer una buena política, debemos dejar atrás ese pensamiento del amiguismo y comenzar a pensar en función a “aporta o no aporta” o “se puede contar con él/ella o no se puede contar con él/ella”. No todos te tienen que caer bien así como no tienes que gustarle a todo el mundo. El crecimiento se logrará sumando esfuerzos maduros de personas con las que se pueda trabajar porque tienen algo que dar, más allá de cuestiones personales. En sencillo, si alguien tiene ideas buenas y es full chamba ¿por qué te importa si a veces habla cosas que no te importan o si su voz no te gusta? No será tu amigo y punto.

¿Qué tiene que ver este punto con ser hipócrita? pues que quienes solo se juntan con sus “amigos” ven al resto como enemigos y devienen todos los males que he expuesto en los puntos anteriores y la incapacidad de trabajar con tu entorno por cuestiones subjetivas.

Así que ya sabes algunas diferencias entre ambos comportamientos.

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