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COMO LO VEO, LA COMUNICACIÓN POLÍTICA ES UN ACTO DE JUSTICIA

COMO LO VEO, LA COMUNICACIÓN POLÍTICA ES UN ACTO DE JUSTICIA

Existen muchas razones por las que me encanta la comunicación política. Pero, con los años, descubrí que la principal era que detesto la injusticia.

¿Por qué SABER comunicar en política es un acto de justicia?

Después de haber visto algunas cosas “detrás del telón”, de conocer personas, intenciones y situaciones reales, noté una cuestión repetitiva: el político honesto suele descuidar la comunicación.

Te explico qué relación tiene la (falta de buena) comunicación y la honestidad en muchos políticos.

Cuando un político es honesto, suele vivir tranquilo con sus acciones. No piensa cómo maquillar temas, llamar la atención o lucir, en exceso, ciertas acciones. Por una simple razón: Piensa que si hace las cosas bien, el resto irá bien.

Suena casi lógico, pero, sobre todo en política, las buenas intenciones y las causas justas no son suficientes.

Al no entender esta realidad, muchas buenas personas pierden espacios de comunicación, de generación de una imagen pública meditada, porque existe la falsa creencia de que si uno hace las cosas bien, no necesita planificar una imagen o el “speech” con formas y palabras adecuadas.

Puedes leer “¿Por qué los buenos no hacen política?”

Las injusticias por no comunicar

A lo largo de los últimos años, he visto personas con genuinas intenciones de cambiar las cosas desde la política. He visto, también, personas que ven la política como un trampolín a ser conocidos. Esos que confunden tener éxito con reconocimiento público. Los que entran para parecer, no para ser y, menos, hacer.

De por sí, es duro hacer política sin morir en el intento, pero más duro es ver cómo la gente incorrecta se lleva aplausos mientras cultivan mitos sobre la imagen de algún incauto honesto.

Y es que los peores políticos suelen ser muy cuidadosos y empeñosos al comunicar, porque el reconocimiento es su motivación.

Mientras un buen político ocupa el mayor tiempo trabajando sus proyectos, un político “humo” dedica el mayor tiempo a planificar su humo y, así, logran convencer con su discurso a ciudadanos de buena fe, pero desconocedores del teje y maneje político interno.

No son pocas las veces en las que un político correcto trató de hacer algo bien, pero, un discurso desinformado, tendencioso o de medias verdades ganó la carrera de la mediatización.

Así, los políticos de buenos proyectos y buenas intenciones van perdiendo la oportunidad de construir una buena imagen.

Lo peor es que la opinión pública es lapidante y ¿alguien se pregunta cómo se sienten los políticos? o mejor dicho ¿alguien se pregunta cómo se siente un político honesto que se ve superado por la mentira de uno deshonesto?

De por sí, la política suele ser muy frustrante para quienes la practican con ánimos de aportar. Pero la ovación al incorrecto supera cualquier tipo de frustración.

Un ejemplo de ello

Por el 2019 aproximadamente, un congresista que tuve el no placer de conocer cuando aún no era congresista, presentó un proyecto de ley muy positivo pero que tocaba algunos intereses particulares.

El presidente del Congreso, que pertenecía a otro partido, que no era del agrado del legislador (al menos en el discurso), también estaba a favor.

Pero ¿cuál era el problema? Que el proyecto no tenía los votos suficientes para ser aprobado en el Pleno del Congreso. Esto significa que se archivaría y al tacho la ley.

Por eso, el presidente, junto a los vicepresidentes, decidieron no agendarlo y dar la oportunidad de que el congresista haga su trabajo político y asegurar los votos.

¿Qué creen que pasó? ¿que hizo el trabajo? Pues no. El autor del proyecto de ley salió a los medios a denunciar un complot diciendo algo como “Juanito y los del partido XYZ quieren entorpecer…” blabla.

Por supuesto pasó lo que tenía que pasar. La opinión pública tildó a ya saben quién de bueno y al presidente del Congreso de malo.

¿Al autor de la ley le importaba el beneficio de la ley? No. Le interesaba más hacer su show para los aplausos de un día. ¡Qué interesaba si la ley no se aprobaba! mientras tenga de qué hablar. Que se archive.

Así, gente que está dispuesta a perder buenas iniciativas por ganarse un titular hay por montones.

¿La gente se da cuenta? La mayoría no. Y no tendrían cómo, salvo trabajen bien su comunicación.

Si todavía no queda claro ¿por qué comunicar bien es una prioridad?

Porque es un acto de propia justicia. No permitir que Dios sabe quién cuente la historia que tanto trabajo te costó construir y que la cuente mal para perjudicarte.

Porque no es justo que la gente crea en mentiras ni manipulaciones de expertos en gestos banales pero que calan más rápido que el trabajo duro.

Porque sí es justo que todos conozcan tu trabajo, pero debes facilitarle a la gente la información, darles la oportunidad de que sepan quién eres. Ellos no adivinarán.

Personalmente, para mí, hacer política es genial, pero cuando no soy yo el personaje en cuestión, sino quien acompaña en la comunicación, hacer un trabajo que evite que sean injustos con la imagen y el trabajo de otro, es tanto o más satisfactorio.

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