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LA POLÍTICA Y ¿CÓMO SABER SI SOY YO EL EQUIVOCADO?

LA POLÍTICA Y ¿CÓMO SABER SI SOY YO EL EQUIVOCADO?

Otros de mis grandes dolores de cabeza.

Hace poco, tuve el enorme placer de participar de un encuentro en Chile con muchas mujeres políticas de Latinoamérica.

Una noche, entre vinos y risas, con algunas empezamos a conversar sobre los clichés de las mujeres en política.

Saltaron los estereotipos políticos de toda la vida. Que una es mandona, no líder. Que una es “intensa” o “demasiado apasionada”, no comprometida. Que una es necia, no persistente. Que una es agresiva, no asertiva.

De pronto, ahondando en las anécdotas de cada una, sin importar la diferencia de edades ni el país, llegamos a una pregunta constante y común entre nosotras.

¿Cómo saber si soy yo la equivocada?

Te preguntarás por qué todos estos estereotipos nos llevarían a esa pregunta, tal vez, algo absurda.

Pues, hay veces en que todos, incluyendo gente que quieres, te califican de una forma y, si eres de las personas que constantemente quieren mejorar, comienzas a preguntarte qué puedes hacer para superar el error que has cometido o la actitud que tuviste.

Pero ¿qué pasa cuando todos, absolutamente, están equivocados, tú estás bien como estás y no deberías hacer caso? ¿Cómo te das cuenta, en primer lugar?

Es terriblemente difícil notar si eso está pasando. Porque, quien busca mejorar, inevitablemente, descarta, en automático, la opción de que todos estén equivocados.

Es decir, ¿cómo podrían estar todos equivocados? ¿Es posible eso? ¿Si todos dicen lo mismo, algo de razón deben de tener, no?

Me ha costado la vida darme cuenta que sí es posible que todos estén equivocados. Suena hasta aterrador ¿No estaré cayendo en la soberbia? (Viene mi síndrome del impostor diciéndome que tal vez ellos tengan razón).

Pero ¿qué es lo que pasa? Sucede que los estereotipos influyen, incluso, en la gente que consideramos nuestros amigos, en gente que consideramos aliados o inteligentes.

Es posible que, en el ambiente político, todos se mimeticen y, créeme, es lo más común. No es descabellado que todos piensen igual respecto a algo que hiciste o dijiste. Y vale para hombres o mujeres.

Pero no deja de ser incómodo y difícil poder discernir cuándo eres tú quien ha cometido un error o quien tiene que cambiar, y cuándo es el resto el que se ha hecho una idea equivocada de lo que deberías hacer o cómo deberías ser.

Y esta discusión conmigo misma es una constante.

Es en actitudes negativas que veo en otros (y no digo ni hago nada al respecto), cuando empiezo a entender que, a veces, los estereotipos o los recelos son más fuertes y simplemente se buscará una excusa para calificarte.

Otras veces, la gente solo estará acostumbrada a algo y querrán cambiarte, no porque estés mal, sino porque eres diferente.

Ahora, no sabría decirte cómo darte cuenta cuándo sucede lo uno o lo otro. Es algo que sigo descubriendo. Lamento no poder dar respuesta precisa a este titular. Pero hacer el ejercicio de cuestionarte sin caer en el síndrome del impostor, es un buen ejercicio.

Solo, no te frustres. Sí es posible que tú estés en lo correcto y tu entorno esté “contaminado”. Cuidado con abrumarte. A veces, esas críticas (injustificadas) son tan destructivas que pueden quitarte las ganas de seguir participando en política.

Que nada sea más fuerte que tus ganas de trabajar por lo que vale la pena.

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