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EL VERDADERO EMPODERAMIENTO DE LA MUJER

EL VERDADERO EMPODERAMIENTO DE LA MUJER

Con solo 100 dólares puedes empoderar a una mujer en India. Esta módica cantidad, según el sitio web de la organización India Partners, le proporcionará a una mujer una máquina de coser de su propiedad, lo cual le permitirá dar el primer paso en su camino al empoderamiento” cuenta Rafia Zakaria en su artículo del New York Times “El mito del ‘empoderamiento’ femenino”.

No hace falta vivir en la India ni ser una mujer en estado de vulnerabilidad para haber caído en la nublada creencia de que uno llega a estar empoderada cuando alcanza independencia económica.

Probablemente muchas estén felices y distraídas, disfrutando de los frutos de su trabajo sin depender de un cónyuge; probablemente, muchas se sientan realizadas con lo que tienen e incluso otras piensen que no existen desigualdades entre hombres y mujeres.

Tratando de no caer en mezquindades, acepto que un primer paso o primera etapa del empoderamiento femenino es la independencia económica. Pero ¿eso significa empoderamiento para mí o la población a la que represento?

Parece que nos olvidamos de muchas cosas, como el significado verdadero de este concepto. Podemos decir que empoderamiento significa tener poder, pero ¿teniendo independencia económica ya tengo poder? Pues no exactamente. Hace falta un factor fundamental: la movilización.

La movilización nos constituye como miembros activos de la sociedad en busca de llegar al espacio de toma de decisiones. Esa es la segunda etapa, lo que yo llamo el “verdadero” del empoderamiento femenino y hay que ser conscientes de ella. ¡No caigamos en una simulación de poder! ¡Tenemos que empoderarnos de verdad!

Es común ver el esfuerzo de muchas organizaciones que han hecho hincapié en la independencia económica y han olvidado por completo y divorciado del empoderamiento el rol fundamental de la política y hoy vemos una inmensa minoría femenina en los espacios de toma de decisiones.

No únicamente por cuestiones machistas, que definitivamente las hay, sino que, nosotras mujeres, hemos pasado por alto que no somos quienes hoy están en el poder equitativamente decidiendo ni para nosotras ni para el resto.

Con solo cinco años de actividad política, puedo decir que una gran cantidad de mujeres no es consciente de esta situación y permanecen voluntariamente indiferentes a los problemas de interés nacional. Movilizarlas, no solo por una fecha u ocasión puntual, sino permanentemente, termina siendo una labor agotadora. Hablar de política, peor.

Nos matan y marchamos, pero ¿en qué momento entramos al sistema a tomar decisiones verdaderas y por propia voluntad?

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